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Talla de las gemas

Talla piedras preciosas

“En estado natural, las superficies de las gemas suelen carecer de brillo, siendo irregulares sus formas y su cuerpo plagado de impurezas e imperfecciones.”

 

Sería maravilloso que las gemas brotaran de la tierra listas para lucirlas, pero esto no suele suceder. Los cristales brutos extraídos de la tierra se llaman “gemas brutas” (o piezas brutas) y es que las gemas brutas tienen en verdad un aspecto bien bruto.

El oficio de tallador es milenario y su arte consiste en transformar los cristales brutos en gemas deslumbrantes. Es el arte de dar a la gema la forma justa que destaque su lustre, color y brillo. Los talladores eligen entre dos formas principales a la hora de cortar y trabajar las gemas:

  1. Gemas talladas: gemas con caras geométricamente talladas y pulidas. Hoy día las gemas talladas son las más populares, pero no siempre fue así. Los romanos eran grandes entusiastas de los cabujones, los camafeos (gemas con relieve positivo) y los entallados (relieve negativo). ¿Sabía el lector que para los romanos era vulgar usar gemas talladas?
  2. No talladas: gemas que no tienen caras geométricamente talladas, caras pulidas planas, tales como los cabujones. Derivado de la voz normanda “caboche”, que significa cabeza, el cabujón es una antigua técnica de perfilado y pulido que sigue siendo popular en nuestros días debido al añejo encanto y carácter de las gemas de rico color.
Partes de una gema

 

Por sus diferentes propiedades ópticas, las gemas de colores no permiten una “talla de brillante” ideal como los diamantes (véase la ilustración más adelante). El estilo por el cual se deciden los talladores en cada caso depende del tipo, la forma y la calidad de la gema bruta. El corte de una gema afecta directamente a su valor total, ya que el corte determina cuán bien presenta la gema su color base a la vista.

Tallas clásicas

 

Muchas veces el tallador tiene que buscar un equilibrio entre la belleza y las consideraciones comerciales (como conservar el mayor peso posible en quilates). El tallador busca en cada gema el mejor compromiso entre el aspecto y el tamaño, teniendo en mente que el valor de una gema elaborada también depende de su peso en quilates. Respetando un ángulo crítico para la gema (máximo ángulo de refracción; ver página 289) se obtiene inevitablemente una gema menor. Si está dispuesto a aceptar una pequeña protuberancia en el pabellón, obtendrá una gema cuya brillantez no será inmejorable, pero que pesará más.

También tiene que considerarse el impacto de las así llamadas ventanas (colores superiores difuminados en una gema con faceta mesa debido a un pabellón poco profundo) o extinciones (áreas de oscuridad en una gema con faceta mesa, presentes en mayor o menor grado en toda gema) sobre la belleza de una gema acabada. A veces es sumamente difícil tomar la decisión correcta, siendo ello más propio de un clarividente que de un profesional de las gemas. Por ejemplo, hace años cayó en mis manos un hermoso zafiro amarillo canario en Chanthaburi (Tailandia), mi segunda patria. Con sus 35 quilates y una claridad y un color excelentes, era una gema especial de excepcional singularidad. Su única falla podría ser que algunas de sus proporciones de corte eran algo inexactas, lo que menoscababa ligeramente su brillantez.

Lo que podía hacerse era “re-cortar” la gema, apurando las cosas para lograr su “brillantez óptima”, pero esto implicaba una merma de peso de 5 quilates como mínimo. ¡Una decisión de valientes! A veces el tamaño sí importa y lo grande puede ser hermoso, pero no siempre.

Ciertas veces se sacrifica la belleza para no perder quilates, y viceversa.

Talla brillante

Todo esto suena muy bien, pero ¿cómo distinguir un corte bueno de uno malo? Ningún corte es siempre más hermoso que otro, sino que depende de la magia de la naturaleza y del arte del tallador. Hay cierta confusión entre los términos forma y corte/talla. A veces significan lo mismo (una “talla princesa” es siempre una forma cuadrada), pero otras no (una “talla gradual” puede ser de forma cuadrada, rectangular u octogonal). Al igual que la mayoría de los autores, tampoco quiero ser demasiado “purista” en este tema y uso ambos términos alternativamente, pero el corte y la talla son mucho más que la forma: se trata también delas técnicas (la distribución de las facetas, el acabado y las proporciones) empleadas para la elaboración de la piedra. La forma de una piedra puede influir sobre su aspecto general, pero si se corta o talla debidamente, la forma no tiene por qué influir sobre su valor. Es decir, algunas formas requerirán un ligero sobrecargo o una pequeña rebaja en el precio según el tipo de piedra y la cantidad de material bruto perdido o conservado para lograr una forma dada. En esta sección se ilustran algunas de las formas y los cortes más clásicos. Dado que la mayoría de las piedras brutas son esféricas, la forma ovalada es la más habitual para las gemas de color, pues ofrece el mejor equilibrio entre belleza y conservación de quilates. Una vez sepa sus formas preferidas, el lector podrá guiarse fácilmente con la siguiente lista de puntos a controlar:

  • Color homogéneo sin partes cambiantes, salvo que la causa de ello sea una característica de la piedra, como es el caso en las variedades bicolores. Recordemos que las gemas se diseñan para ser vistas desde arriba.
  • Equilibrio, simetría y proporción. Algunas gemas de “talla fantasía” se cortan intencionadamente de forma asimétrica, pero esto no es lo habitual. Las “tallas fantasía” son o bien métodos corrientes para crear la ilusión de una piedra perfecta más grande jugando con la forma natural de la piedra bruta, o nuevas y revolucionarias formas posibles ahora gracias a las nuevas tecnologías de corte y tallado.
  • Altura de corona y profundidad de pabellón aceptables. La corona suele ser entre la mitad y la tercera parte de la profundidad del pabellón.
  • Brillo aceptable, sin olvidar que varía según las distintas especies de piedras. Algunos libros aconsejan buscar siempre una “piedra vivaz”, pero esto puede desorientarnos en caso de que el tipo dado no destaque por su brillantez.
  • Claridad aceptable (cantidad de inclusiones y ubicación), sin olvidar tampoco aquí que el grado aceptable de inclusiones varía según las distintas especies de piedras.
  • Un buen pulimentado, sin marcas ni arañazos visibles a simple vista.
  • Grosor de filetín y protuberancia de pabellón aceptables.
  • Agudez aceptable de las aristas entre facetas.
  • La mayor parte de la masa de la piedra se ve desde arriba.
Talla antiguedad- presente

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